Las Grutas en Marzo

header 01Los niveles de ocupación de alojamiento del balneario descienden. Es lógico cuando están por comenzar las clases y que ya, aunque el tiempo acompañe y las ganas persistan, la amplia mayoría no puede continuar vacacionando.

Pocos días atras, miles de personas caminaban por la arena, recorrían el balneario y disfrutaban de un mar que continúa cálido y agradable.

Muchos lugareños y antiguos visitantes de este golfo, aquellos que lo descubrieron y empezaron a llegar a los acantilados a través de huellas apenas marcadas entre los campos, dicen que marzo es el mejor mes para disfrutar de este sitio. Porque el clima en general se presenta generoso, las mareas adquieren mayor amplitud y la multitud de turistas empieza a dispersarse.
El aprovechamiento de las distintas bajadas es más uniforme, no se producen amontonamientos y la costa comienza a ser apta para picados de fútbol, partidos de tejo, paleteadas interminables y desafíos de voley.
Es cierto que oscurece más temprano y que ya las temperaturas difícilmente alcancen los 37 grados de enero o febrero, pero la calidez se mantiene.


Y algunos comerciantes, sabiendo que la situación es así, deciden aprovecharlo, continuando con su actividad aún hasta más allá de Semana Santa. Desde hace tiempo que se está concretando la tan ansiada finalización de la excesiva estacionalidad de la afluencia turística a la villa balnearia.

Hay quienes no pudieron visitar Las Grutas en pleno verano y no quieren quedarse sin conocerla. No son muchos, pero cada año son más.
Quienes arriben a la villa en esos días tienen garantizado el entretenimiento, la amplia oferta gastronómica, servicios de playa y mucha comodidad en los alojamientos. Diariamente se ven a los encargados de las inmobiliarias recorrer las distintas casas y departamentos para alquilar, seguidos por los vehículos de los turistas, mostrando las opciones para que el visitante elija. Algo que en enero no se puede hacer ya que, en esa época "lo que te toca, te toca".
En marzo el turista elige. Recorre, aprovecha las ofertas por liquidación, disfruta de la tranquilidad del mar, se regocija con la charla de los propietarios de los restaurantes, que en un rato le hacen un balance de la temporada.
Se siente bien, atendido en forma personalizada. Retorna la paz. El golfo suspira aliviado. El buen clima sigue. Las Grutas vuelve a ser un paraíso. Y solamente algunos privilegiados pueden disfrutarlo.